No cabe duda de que la conversación es apasionante. Todo el mundo habla de inteligencia artificial y de su promesa de ofrecernos conocimientos mucho más profundos que los que obtenemos hoy peleándonos con tablas estáticas, bases de datos poco amigables y esos interminables informes en PDF capaces de agotar la paciencia de cualquiera.
Pero en medio de todo este entusiasmo hemos pasado por alto una verdad bastante incómoda.
Para que toda esta tecnología avanzada, impulsada por agentes inteligentes y automatización, funcione de verdad, necesita unos cimientos sólidos. Nadie construiría un ático sobre arena movediza.
Y esos cimientos son exactamente los mismos que han sostenido siempre cualquier negocio digital.
Hablo de lo básico.
Las tarifas. Los tipos de habitación. Los artículos del menú. Los tratamientos del spa. Las comisiones. La disponibilidad. Los horarios de las clases de yoga. Todos esos pequeños datos que hacen funcionar una operación hotelera siguen necesitando vivir dentro de sistemas fiables y bien estructurados.
Si la información fundamental de tu negocio está desordenada o es incorrecta, ninguna capa de inteligencia artificial podrá solucionarlo.
Es el viejo principio de “Garbage In, Garbage Out”: si alimentas un sistema con datos deficientes, obtendrás resultados deficientes. La única diferencia es que ahora lo presentamos con un envoltorio mucho más sofisticado.
Todavía no hemos encontrado una forma mágica de evitar el trabajo duro.
Las herramientas esenciales de siempre —el PMS, el sistema de punto de venta, los motores de inventario y todos los sistemas operativos que sostienen la actividad diaria— siguen siendo tan importantes como antes.
De hecho, probablemente son más importantes que nunca.
Porque son la infraestructura que permite que la nueva capa de inteligencia funcione correctamente.
Lo que está cambiando no es la necesidad de la tecnología, sino nuestra forma de interactuar con ella. Nos dirigimos hacia un mundo donde podremos conversar con nuestros datos en lugar de buscarlos manualmente entre pantallas y reportes.
Pero los datos seguirán necesitando un lugar donde vivir.
Y seguirán necesitando ser correctos.
Porque es imposible mantener una conversación inteligente con una base de datos que no lo es.
La vida es cada vez más tecnológica.
Pero no olvidemos cuidar la sala de máquinas.
Mark Fancourt