Todavía sigo con la energía que me dejó un evento al que asistí recientemente. Estuve en los Hospitality Design Awards de Las Vegas, una de las citas más importantes para arquitectos, diseñadores de interiores y fabricantes que dan forma a los espacios donde transcurre la experiencia hotelera.
Mientras veía desfilar a los nominados y ganadores, me di cuenta de algo. Pasamos tanto tiempo hablando de tecnología, operaciones o marketing que a menudo olvidamos la magnitud de la comunidad que realmente construye el escenario donde ocurre la hospitalidad.
Es fácil quedarse encerrado en nuestro propio ámbito profesional. Pero cuando te encuentras rodeado de organizaciones procedentes de todos los rincones del mundo, todas dedicadas al diseño y construcción de espacios, recuerdas hasta qué punto nuestra industria es enorme.
Estamos hablando de miles de diseñadores, artesanos, arquitectos y creadores cuyo trabajo consiste en mejorar una experiencia muy concreta: la de estar lejos de casa.
La noche no giró en torno a motores de reservas más eficientes ni a redes Wi-Fi más rápidas. Hablaba de materiales, texturas, iluminación, mobiliario y sensaciones. Del modo en que una silla invita a sentarse, de cómo la luz transforma un lobby o de cómo un espacio puede generar emociones.
En definitiva, de la dimensión física de la hospitalidad.
Y la escala de todo ello es impresionante.
Ver proyectos premiados de múltiples países fue una demostración de que mejorar la experiencia del huésped no es una ambición local. Es un movimiento global en el que participan miles de profesionales aportando talento, creatividad y conocimiento.
A veces necesitamos momentos así para tomar distancia y recordar que nuestra industria no se limita a habitaciones, tarifas o indicadores de rendimiento.
Formamos parte de un ecosistema gigantesco e interconectado de personas que crean experiencias.
Y resulta extraordinario pensar cuántas manos intervienen para generar esa sensación de calidez y cercanía que todos buscamos ofrecer.
Suelo ser de los primeros en destacar cómo la tecnología mejora el viaje del cliente.
Pero esta vez me recordó algo diferente.
La base de toda experiencia sigue siendo profundamente tangible.
Y el talento que la hace posible es inmenso.
La vida es cada vez más tecnológica.
Pero el mundo que construimos alrededor de ella es absolutamente gigantesco.
Mark Fancourt