He tardado casi dos semanas en darme cuenta. El 27 de junio se publicó mi Rebel Yell número 100 en 10 Minutes Hotel.
¡Cien!
Lo curioso es que ni siquiera fui consciente de ello. Simplemente hice lo que llevo haciendo cada semana desde hace ya dos años: me senté, me serví una Guinness, escribí otra columna y seguí adelante. Solo después me di cuenta de que había llegado al número cien.
Así que volví atrás y los releí todos.
Y ahí fue cuando la cosa se puso interesante.
Las ideas evolucionan. Algunas se vuelven más sólidas. Otras envejecen mal. Y otras me hacen pensar: «¿Cómo demonios pude no ver algo tan evidente?».
Por curiosidad, analicé las cien columnas. Una vez eliminados los artículos, las conjunciones y todo ese ruido lingüístico de fondo, apareció un vocabulario sorprendentemente coherente.
Esperaba encontrar «IA» en lo más alto de la lista. Habría sido lógico. Y habría confirmado lo que probablemente muchos lectores piensan: que esta columna habla de tecnología.
Pues resulta que no.
Las palabras que aparecen con mayor frecuencia son «mundo», «humano», «trabajo» y «tiempo».
Y eso me sorprendió, porque me obligó a releer un año entero de artículos con una mirada completamente distinta.
El descubrimiento más interesante fue comprobar que la inteligencia artificial casi nunca es el verdadero tema de estos textos. Es el recurso narrativo. El MacGuffin. Es lo que pone la historia en marcha, pero la historia siempre acaba hablando de otra cosa.
Cada vez que he escrito sobre Claude, agentes de IA, robots u OpenAI, he terminado inevitablemente hablando de autonomía, jerarquías, identidad profesional, dignidad del trabajo y de qué significa trabajar en la hotelería en un mundo que, citando a Giovanni Lindo Ferretti, es cada vez más «post» sin haber sido nunca realmente nada.
Y me parece maravillosamente irónico que haya necesitado un algoritmo para darme cuenta.
Al volver sobre estos cien Rebel Yell, comprendí que, en el fondo, casi todos giran alrededor de una única pregunta:
«¿Qué significa ser humano en un mundo que no lo es?»
Y precisamente esa pregunta me dio otra idea.
Me gustaría traducir estos Rebel Yell y convertirlos en un libro. No una simple recopilación de artículos, sino una única narración. Un hilo conductor que conecte todas estas reflexiones y muestre no solo cómo han ido cambiando con el tiempo, sino también cómo he cambiado yo con ellas.
Es una idea de la que mi amigo Mark Fancourt y yo llevamos bastante tiempo hablando.
Porque, pensándolo bien, quizá no haya escrito cien Rebel Yell diferentes.
Quizá siempre haya estado escribiendo la misma historia.
Solo que una semana cada vez.
A por los próximos cien,
SIMONE PUORTO