El otro día vi otro de esos posts de LinkedIn en los que alguien explicaba cómo crear un PMS en un fin de semana gracias a la IA.
Tres prompts.
Dos capturas de pantalla.
Un GIF motivacional.
Y listo: revolución completada.
Solo faltaba una banda sonora de Vangelis para convertirlo en la versión del director de Blade Runner para hoteleros.
El problema es que hemos empezado a confundir la capacidad de generar software con la capacidad de gestionar la complejidad.
Y son dos cosas muy distintas.
Un PMS no es un panel bonito con unas cuantas reservas desplazándose por la pantalla.
Un PMS es un auténtico monstruo lovecraftiano formado por impuestos, conciliaciones contables, sincronización con las OTA, pagos, auditorías nocturnas, casos excepcionales y todos esos pequeños desastres operativos de los que nadie habla en los webinars sobre inteligencia artificial.
Es la diferencia entre montar una estantería de IKEA y diseñar un puente.
Me hace gracia esta nueva narrativa del “constrúyelo todo tú mismo”.
Me recuerda a la época en la que todos los hoteles querían una página web única, irrepetible y revolucionaria.
Hasta que llegaba la factura del mantenimiento.
Entonces WordPress empezaba a parecer un auténtico milagro.
La realidad es que la IA ha reducido drásticamente el coste de escribir código.
Lo que no ha reducido es el coste de asumir la responsabilidad.
Y la responsabilidad siempre ha sido la partida más cara del presupuesto.
Por eso sospecho que los verdaderos ganadores no serán los hoteleros que pasen los sábados intentando reconstruir Mews con Claude.
Serán quienes utilicen la IA para comprender mejor su negocio mientras dejan que otros se encarguen del infierno de la infraestructura.
Porque gestionar un hotel ya es un trabajo de tiempo completo.
Convertirse además en proveedor de software es, sencillamente, un pasatiempo muy caro.
Hasta la próxima semana,
SIMONE PUORTO