Seguimos hablando de tipografías.
Porque, al parecer, mi cruzada tipográfica ya se ha convertido en una auténtica guerra santa. Menos Deus Vult y más “quitar formato” para intentar descubrir cuánto cuesta una habitación doble.
Después de una publicación en LinkedIn en la que me quejaba de haber recibido un presupuesto escrito con una tipografía que parecía sacada de un pergamino del antiguo Egipto https://www.linkedin.com/posts/puortosimone_ancora-sui-font-perch%C3%A9-evidentemente-%C3%A8-una-activity-7451948351786393601-D0dx), alguien me recordó algo fundamental:
La legibilidad es, ante todo, accesibilidad.
Y la accesibilidad empieza mucho antes de las rampas, los baños adaptados o los sellos éticos que adornan los informes ESG.
Empieza con Arial. Con Verdana. Con Open Sans.
Empieza con el espaciado, el contraste, la alineación a la izquierda y todas esas pequeñas decisiones que nuestro sector sigue considerando cuestiones estéticas cuando en realidad son la infraestructura cognitiva de la comunicación.
Porque si alguien como yo tiene que atravesar un correo electrónico como Indiana Jones atravesando el Templo Maldito, el problema deja de ser una cuestión de gustos.
Se convierte en una forma de exclusión.
Eso sí, una exclusión elegantemente diseñada.
Y luego estaba aquella frase sobre las “colaboradoras competentes y atentas”, encargadas supuestamente de hacer que mi experiencia de bienestar fuera “exclusiva y completa”.
Una formulación incómoda.
No tanto por lo que dice, sino por lo que deja entrever.
Tiene el aroma de los folletos turísticos de los años ochenta, de esas campañas publicitarias que nunca terminaron de actualizarse.
Dentro de esa frase aparentemente inocente se esconde una idea problemática: una especie de “patriarcado edición spa”, donde el papel profesional de la mujer se desliza hacia una representación subordinada, atrapada en una zona gris entre el servicio y algo bastante menos profesional.
Más allá de las “atentas colaboradoras”, la conclusión es sencilla:
El diseño siempre comunica.
Incluso cuando comunica mal.
Y a veces una tipografía o una frase heredada de una vieja comedia veraniega cuentan mucho más sobre nuestra idea de la hospitalidad que cualquier manifiesto de marca colgado en la recepción.
Hasta la próxima semana,
SIMONE PUORTO