Hace años me expulsaron de un grupo de WhatsApp por decir que estábamos convirtiendo destinos turísticos complejos, como Venecia, en parques temáticos para millonarios y multimillonarios. Una especie de disneyficación de bajo coste cultural.
La respuesta fue inmediata: expulsión permanente y un silencio espeso e incómodo. El mismo tipo de silencio que Michel Foucault describió hace más de medio siglo cuando hablaba de los “cuerpos dóciles”.
Hoy, con Daniela Santanchè fuera del centro de la escena turística, el problema sigue intacto.
Porque nunca se trató realmente de una persona —por muy polémica que fuera—. El asunto era, y sigue siendo, la lógica de un sistema que continúa produciendo exactamente aquello que es incapaz de imaginar de otra manera.
Un sistema capaz de convertir el Nacimiento de Venus de Botticelli en una influencer comiendo pizza y llamarlo promoción turística.
Dentro de esta lógica surgen situaciones que oscilan entre lo absurdo y lo kafkiano: el CIN convertido en una especie de truco secreto de videojuego al que nadie parece jugar realmente, las reseñas online elevadas a la categoría de documentos notariales y la identificación presencial recuperada en un contexto donde casi todo lo demás ya se ha digitalizado.
Mientras tanto, el verdadero sistema operativo funciona en otro lugar.
Se mueve a través de infraestructuras que no comparten ni nuestro idioma ni nuestras jurisdicciones. Juega con reglas diferentes.
El turismo real avanza por caminos opuestos. Se desarrolla en plataformas globales, en flujos que atraviesan fronteras sin pedir permiso y en dinámicas que no reconocen nuestras categorías administrativas.
Y nosotros, desde las alturas de la ficción política, seguimos jugando al Risk convencidos de que estamos rediseñando el mundo.
Por eso vuelvo mentalmente a aquel grupo de WhatsApp y a aquella expulsión tan reveladora.
La pregunta no es qué ha cambiado.
La pregunta es si, en realidad, no ha cambiado nada y simplemente hemos renovado la interfaz mientras el código sigue siendo exactamente el mismo.
Si quieres leer la versión completa de este desahogo, está disponible aquí:
The Power, Corruption & Lies: Reflexiones sobre la dimisión de Santanchè
Hasta la próxima semana,
SIMONE PUORTO