Cada año empiezo un diario.
Y cada año lo abandono al tercer día.
Creo que a Brian Eno le pasaba lo mismo. O tal vez era otro. No lo recuerdo. Pero como dijo alguien cuyo nombre tampoco recuerdo (ya vivimos en la era de la MetaMemoria), olvidar la cita es señal de que realmente la entendiste.
Y aquí estamos otra vez: 1 de enero. El gran clásico de los propósitos de Año Nuevo. Pero esta vez hechos sin solemnidad, sin filtro y sin demasiada corrección política. Tal como me gustan.
En 2026 no prometo bajar el ritmo. Nunca ha funcionado, y no va a empezar a funcionar ahora que me acerco peligrosamente al medio siglo. Como dice mi contable (¡hola, Silvana!): se descansa cuando uno se muere. Y yo, por suerte o por desgracia, sigo vivo.
Lo que quiero para 2026 es menos ruido. Menos tiempo en consejos de startups que prometen “revolucionar la experiencia del huésped” con otro envoltorio de GPT, y más tiempo haciendo lo que de verdad me interesa: investigar, escribir, estudiar.
Trabajo académico. Sí, sin complejos. Porque el mito del self-made man con estudios mínimos ya empieza a cansar.
Mi mantra para 2026 es este: si es fácil, no merece la pena aprenderlo (ni enseñarlo). Y si está de moda, ya pasó su curva de adopción. Estamos en territorio de rezagados, aunque nadie quiera admitirlo.
Basta de charlas de cinco minutos llenas de frases bonitas. Basta de “tienes que dejar algo práctico porque los hoteleros no son muy listos”. Basta de “comenta XXX en Instagram para suscribirte y recibir la lista de herramientas”. Eso no es inteligencia artificial: es oportunismo de última milla. Y no quiero formar parte de eso.
Quiero un 2026 de estudio obsesivo, casi desesperado. Quizás un nuevo libro, para cobrar otro cheque de 47 euros con 75 céntimos (editorial omitida). Un techno-Leopardi con suscripción a Perplexity Pro. Con joroba tecnológica incluida.
Buscar el camino intermedio, como decía Siddhartha, entre la tecnofilia tóxica y el tecno-ludismo boomer versión “Buenos Días con Café”.
En otras palabras: seguir siendo punk, pero con bibliografía al pie.
Y código ORCID.
Hasta la próxima semana.
Un saludo,
SIMONE PUORTO