A menudo me preguntan si las reseñas asistidas por IA son la última catástrofe semántica del turismo. Yo lo veo de forma más sencilla: son el final de un tabú que durante años convirtió escribir en una especie de examen de acceso involuntario.
Seamos claros: no todo el mundo tiene las herramientas lingüísticas para transformar una experiencia en un texto. Y no, leer tres posts motivacionales en LinkedIn no te convierte en Hemingway.
Aquí entra en juego un pensador al que, curiosamente, casi nadie en turismo cita: Wittgenstein.
“Los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo.”
Si eso es cierto, cualquier herramienta que amplíe nuestro lenguaje amplía también nuestro mundo. Una voz mediada sigue siendo una voz.
El verdadero riesgo no es la mediación, sino el silencio. Un sistema de reputación basado solo en quienes escriben con seguridad no es más auténtico: es simplemente más estrecho.
Por eso, bienvenidos sean los usuarios que, en lugar de quedarse bloqueados frente al típico recuadro en blanco, dejan que la IA traduzca su experiencia en palabras. No es el fin de la autenticidad; es, más bien, una ampliación del campo de visión. Puede que sea perezoso, sí, pero sigue siendo más amplio.
La reseña se convierte así en una obra colectiva, un collage entre humano y máquina, con ecos de Cronenberg y Ballard.
Yo, personalmente, prefiero mil veces una verdad medi(AI)da que una verdad no dicha.
Porque en el silencio no hay reputación.
Hasta la próxima semana,
Simone
SIMONE PUORTO