Me escribe un prospecto que quiere empezar a trabajar conmigo, pero su agencia actual le pide una cifra absurda para salir del contrato. Es la segunda vez en una semana. El último caso: 100.000 €.
Cien. Mil. Euros.
Como si estuviéramos negociando un rescate.
No voy a detenerme en esta estrategia de salida digna de un thriller político. El verdadero problema está antes. En el pecado original: la firma del contrato. Ahí es donde empieza el engaño.
Todas estas agencias tienen algo en común: el famoso modelo a comisión. Lo venden como la prueba definitiva de que trabajan “a resultados”. Y ahí está el error monumental.
Los hoteles se sienten listos. Creen que pagar un porcentaje significa obligar a la agencia a rendir. Es la misma ingenuidad que pensar que un zorro se vuelve vegetariano si lo encierras en un gallinero.
Porque si me pagas por conversión, yo trabajaré solo la conversión.
No crearé demanda.
No construiré marca ni notoriedad.
No invertiré en el top ni en el mid funnel.
Iré a pescar donde el río ya está lleno: en el último tramo. Porque ahí es donde se acumulan las comisiones.
El hotel cree haber atrapado a la agencia en un pacto virtuoso (“Ahora sí tendrán que demostrar que son buenos”). La realidad es otra: en muchos casos, la agencia activa campañas de protección de marca en Exact Match en dos o tres mercados rentables, configura todo en diez minutos y vive de esa renta durante años.
Por supuesto, el hotel nunca tiene acceso a Google Ads.
Ni lista de keywords.
Ni CPC.
(Algo que, dicho sea de paso, va en contra de las propias políticas de Google).
Mucho humo.
Muchos espejos.
Y una ilusión carísima.
Simone Puorto