El fin de semana, relajado y disfrutando de un poco de entretenimiento digital, viví un momento que capturó perfectamente la nueva frontera de la publicidad. Ya estaba resignado a la frustración habitual de las pausas publicitarias —hace tiempo que dejamos atrás la ingenua idea del streaming sin anuncios— cuando apareció algo distinto. Un anuncio de una fragancia de Boss y, al instante, un mensaje integrado surgió en un lateral de la pantalla: compra en un clic, directo al carrito.
Ahí cayó la ficha. La publicidad completamente circular ya ha llegado a la pantalla más grande y tradicionalmente pasiva del hogar. Esto ya no es solo publicidad: es un embudo perfecto que convierte el consumo pasivo en comercio activo, todo gestionado por una plataforma que sabe exactamente quién soy.
Desde hace años defiendo que la televisión en la habitación es una plataforma de contenidos infrautilizada, no una caja inerte. Esta nueva experiencia de Active TV deja al descubierto un potencial enorme… y también un riesgo evidente para la hotelería. Durante demasiado tiempo, el sistema IRE se ha tratado como una simple amenidad, una percha digital para contenidos. Pero el rumbo es claro: el televisor está a punto de convertirse en un potente punto de venta monetizado.
Imaginemos los usos: un huésped ve un documental sobre un viñedo local y aparece una opción para reservar una visita o comprar el vino con entrega directa. Observa una silla de diseño en una película y, con un clic, la añade al carrito para compra minorista. Las oportunidades de ingresos complementarios —impulsadas por estímulos visuales en tiempo real y datos personalizados del huésped— son innegables.
Pero aquí surge el conflicto inevitable: ¿dónde está el límite entre optimizar ingresos y preservar el santuario del huésped? La hospitalidad de alto nivel se basa en que la habitación sea un refugio, una pausa frente al ruido constante del mundo exterior. ¿De verdad mejoramos la experiencia convirtiendo la pantalla principal en un agente comercial permanente? ¿O estamos sacrificando la esencia misma de la bienvenida por una venta rápida y transaccional?
La vida es cada vez más tecnológica. Y muy pronto, la batalla por el alma de la experiencia del huésped se emitirá en directo… en la televisión de la habitación.
Mark Fancourt