El mes pasado tuvo lugar el clásico evento de octubre del sector. No diré cuál, porque ya lo conocéis. Y revisando los comentarios en LinkedIn, me encontré con el resumen de un colega: “Buen día, pero poca innovación.”
Lo entiendo. De verdad. Llevo años hablando de tecnología, IA, futuros hipotéticos y utopías descentralizadas. Pero aquí hace falta una aclaración.
Desde el punto de vista etimológico, innovar significa “hacer nuevo”. Hasta ahí, todo bien. Pero su raíz más profunda es más incómoda: innovar implica alterar el orden establecido. Y ahí aparece el cortocircuito.
Porque en hospitality, ¿de verdad necesitamos alterar el orden de las cosas? ¿O simplemente necesitamos mejorarlas?
Lo que mi colega llama “poca innovación” es, visto de cerca, solo la falta de fuegos artificiales. Pero la innovación no es pirotecnia. Es aburrida, silenciosa, iterativa. No es nunca (nunca, en mayúsculas) una re-volución. Es siempre una e-volución, en el sentido más kurzweiliano del término.
El verdadero problema es otro: nos hemos convencido de que, para ser relevantes, tenemos que sorprender constantemente. Y no siempre hace falta una herramienta nueva; a veces basta con aprender a usar bien las que ya tenemos.
Así que no, el evento no fue pobre. Tal vez no necesitamos un nuevo “game changer”, sino personas que conozcan las reglas del juego y sepan jugar la partida (bien).
Porque buscar la novedad a cualquier precio, sin saber para qué sirve, es onanismo. Y si incluso nosotros, que deberíamos liderar el sector, nos quejamos de que no hay suficiente “innovación”, quizá el problema no sea el evento.
Quizá seamos nosotros.
Hasta la próxima semana,
Simone
SIMONE PUORTO