Hace un tiempo, junto con mi amigo Daniel Doppler, escribí un artículo sobre las alucinaciones de la IA aplicadas al turismo. Ya entonces planteábamos que, tarde o temprano, llegaríamos a un escenario curioso: un ecosistema turístico lleno de lo que llamo “reservas alucinadas.”
El mecanismo es sencillo. Los modelos generativos extraen información de fuentes dispersas, incompletas y a menudo contradictorias. Luego hacen lo que mejor saben hacer: rellenar los huecos con probabilidades lingüísticas.
Si te suena a ciencia ficción, mira lo que pasó hace unas semanas en Tasmania. Un artículo generado por IA empezó a hablar de unas supuestas aguas termales en Weldborough, un pequeño pueblo de 33 habitantes en el noreste de la isla. ¿El resultado? Turistas llamando a los hoteles para preguntar por los baños termales. Y luego turistas que aparecieron de verdad (spoiler: no existen).
Ahora imagina esta dinámica aplicada a la hotelería. El viajero medio —digamos ese “boomer” que en 2026 todavía imprime su tarjeta de embarque— llega al hotel con una conversación de ChatGPT impresa en A4, en Comic Sans tamaño 30.
El problema es que la habitación no existe. O que el restaurante panorámico ahora pertenece al hotel de al lado.
Aquí surge un interesante cortocircuito epistemológico: la realidad frente a la realidad generada.
Para entenderlo, hay que recordar cómo funcionaba internet antes de la IA. Sí, la información incorrecta existía, pero normalmente estaba enterrada en la sexta página de Google, el mejor lugar para esconder un cadáver.
La información seguía una jerarquía: autoridad, ranking, enlaces, reputación.
Hoy esa jerarquía se ha diluido. Los modelos generativos no priorizan la verdad, sino la probabilidad estadística.
Así, una fuente marginal, olvidada o simplemente errónea puede convertirse en verdad canónica. Lo que antes era una tontería perdida en la web ahora puede transformarse en una respuesta perfecta, convincente… pero falsa.
Por eso estamos entrando en la era del turismo alucinado, hecho de verdades plausibles.
Hoy son aguas termales inexistentes en Tasmania. Mañana serán habitaciones con vistas que no existen, servicios nunca ofrecidos o reseñas de estancias que jamás ocurrieron.
Y cuando un sistema basado en probabilidades se cruza con un sector que vive de expectativas, el riesgo no es solo el error, sino la creación de realidades turísticas paralelas.
Mucho antes de los LLM, Philip K. Dick escribió que la realidad es aquello que sigue existiendo aunque dejes de creer en ella. El problema es que en el turismo generativo estamos empezando a ver lo contrario: realidades que existen simplemente porque alguien creyó en ellas.
Hasta la próxima semana,
Simone
SIMONE PUORTO