Esta mañana me desperté con una sensación extraña: como si estuviera presenciando el final de algo. No el fin del mundo — tranquilo, ese ya lo hemos aplazado demasiadas veces. Hablo del final del motor de reservas tal y como lo conocemos. O mejor dicho, de su lenta eutanasia asistida. Su nombre (quizás): Google UCP.
Lo que el Universal Commerce Protocol deja entrever es que la reserva hotelera siempre ha sido un acto… antinatural. Una especie de ritual digital donde el huésped tiene que reaprender cada vez dónde hacer clic, qué marcar, qué condiciones aceptar.
Ahora, todo eso se transforma en una conversación. Una única interfaz. Un único lenguaje transaccional. Humano o no humano, ya no importa tanto.
Sobre el papel, suena perfecto. Evoca super apps, WeChat, el concepto de “todo en uno”, una experiencia de usuario casi perfecta. Pero hay un problema: la hospitalidad no es retail. NO vendemos zapatos. Gestionamos inventarios caóticos que cambian constantemente.
El ARI, seamos claros, siempre ha sido nuestro pecado original. ¿Recordáis “Book on Google”? No fracasó por mala voluntad, sino por una infraestructura que no estaba a la altura.
El verdadero problema es creer que eliminar la fricción del lado del cliente es suficiente. En hospitality, la fricción es estructural. Filosófica. Casi ontológica.
Si no arreglamos lo que hay detrás, UCP será simplemente otra capa elegante sobre un sistema defectuoso.
Google construirá la puerta. Los usuarios la abrirán.
Pero si detrás no hay nada sólido, entrarán… solo para salir frustrados.
Hasta la próxima semana,
Simone
SIMONE PUORTO